sábado, junio 25, 2005

Como una cabra



Ya sé, mi afición a las cabras puede parecer una patología. Lo cierto es que no tengo demasiadas fotos acumuladas en el borrador, no pretendo ser monotemático.
Hay dos frases que Lorca dijo (seguro que dijo alguna más, me refiero a las que conozco) que quiero hacer mías. La primera es: "Escribo para que me quieran", la segunda: "Soy un cateto universal". En mi caso la primera es un hecho, la segunda una aspiración.
Ahora que reparto mi tiempo entre la ciudad y el campo comprendo lo que aprendí en estos tres últimos años de semiaislamiento. Principalmente lo que he aprendido sobre mí y de qué modo esto influye en el conocimiento de los demás, es decir, cómo comprender al prójimo a través del conocimiento propio. Lo que más me ha sorprendido a mi vuelta es que, tres años después, muchas cosas son diferentes en Málaga pero la mayoría de personas que conocía sigue con el mismo discurso, el mismo pequeño universo, el monotema... De repente supe, recordé y redescubrí con mayor fuerza las razones que me impulsaron a abandonar la urbe, ya no soy un chico de ciudad y me alegro de ello.