jueves, junio 09, 2011

A propósito de Juan Nadie y el 15M


Hace un par de semanas, tuve el privilegio de ser invitado a una charla para mostrar mi punto de vista, respecto al movimiento 15M, a un grupo de profesores de español de la universidad de Uppsala (donde resido desde hace tres años). Horas antes del encuentro me preguntaba cómo explicar esta "revolución" de tal modo que fuera comprensible para la mentalidad sueca (si bien es cierto que alguno de los docentes provenían de países latino-americanos). Mi primera duda era si sería capaz de aclarar cuál es el objetivo de este movimiento que, en la prensa internacional, sobre todo en un principio, fue asociada a la tasa de desempleo que se vive en España y, por tanto, no es extrapolable a la situación que se presume en el paraíso del bienestar que consideramos Suecia.

Haciendo de abogado del Diablo y cuestionándome yo mismo la autenticidad de la protesta pensé: Qué más da, me da igual cuál es la meta, me da igual si, premeditadamente, alguien mueve los hilos o si hay oscuros intereses. Lo que me importa es el hecho de que la sociedad española está viva, más viva de lo que ha estado en los últimos 30 años. Y, sin saber porqué, recordé una película de Frank Capra del año 1941 (la fecha la tuve que buscar, no soy tan "friki"), con Gary Cooper y Barbara Standwyck: Meeting John Doe (Juan Nadie, en España).

La trama va más o menos así: Una periodista (Standwyck), con tal de no perder su trabajo, se inventa y publica la carta desesperada de un ciudadano anónimo, Juan Nadie (John Doe es el nombre que la policía estadounidense usa para calificar a los cadáveres sin identificación). Éste dice que se piensa suicidar en la nochebuena para protestar contra la sociedad enferma en la que vive. Ante la expectación suscitada por el artículo, la redactora, asustada, confiesa a su superior su falta. Aún así, el director del diario ve que puede sacar tajada y propone un"casting" de vagabundos para encontrar al perfecto "Juan Nadie". Es ahí donde aparece John Willoughby (Gary Cooper), que se presenta a la selección sólo por la promesa de poder comer algo ese día. A raíz de una conmovedora entrevista radiofónica de Willoughby, se crea un movimiento, tan espontáneo como inesperado. El ciudadano medio se identifica con Juan Nadie, ellos son también Juan Nadie. El vagabundo, consciente de la manipulación, intenta huir, pero, clandestino, en un pequeño pueblo, descubre que, a pesar de la farsa, la vida de muchas personas está cambiando gracias a lo genuino del mensaje, que crece una ilusión desconocida hasta entonces, y decide ponerse al frente de la revuelta. Ésta se propaga como una gripe por toda la nación hasta amenazar la supremacía de los dos partidos que rigen, alternativamente, ese país que ellos llaman América.

Al final, en la peli, los malos engrasan la maquinaria del oportunismo y ganan, igual que ocurrirá con el 15M y tal como ha ocurrido en todas las pequeñas y grandes revoluciones. Eso es lo de menos. Cada pequeño paso es una evolución, pero es más difícil luchar contra las miserias y las bajas pasiones humanas que contra un sistema político. Sin embargo, en este caso, si algo pueden aprender los gobernantes y los aspirantes a serlo, es que ellos no son los que mandan, sino que están al servicio de quien realmente manda o debe hacerlo, el pueblo.

No dije nada de esto (sobre Juan Nadie) en el encuentro con los profesores de español. Claro que expliqué lo que ocurre en España y que hay muchos motivos para indignarse y protestar, pero después hablé, también, de conceptos más abstractos aplicados a Suecia, que falta felicidad, solidaridad, que este mundo tan perfecto que idearon nuestros mayores nos está robotizando, que nueve de cada diez jóvenes suecos que camina solos por la calle va con los auriculares, o bien hablando por el móvil, pero son incapaces de saludar al conductor del autobús o al vecino. Que nos sentamos frente a la tele para que nos digan qué felices somos, pero que un altísimo porcentaje de la población de este país necesita ir a terapia, que... Bah, es difícil, pero tenemos que seguir intentándolo.