miércoles, agosto 24, 2005

Sólo de ida


Posted by Hello


Tratando de no olvidar lo que aprendí me di cuenta que era imprescindible recordarlo, esto es obvio, pero en el caso de que algo hubiera aprendido tenía que esforzarme por que siguiera formando parte de mi vida cotidiana, estuviera donde estuviera. Los latinos decían que quien escribe lee dos veces, ese es el objetivo de este post, leer para recordar.

Descubrí que uno no puede escapar de sus demonios, que estos te siguen allá donde vayas, y que lo mejor que se puede hacer en estos casos es encararlos. No fue un gran hallazgo, tampoco lo viví del todo en carne propia, sino que me fijé también en todos los que, tratando de vivir una experiencia similar a la mía, en las montañas, seguían huyendo, pensando que estarían mejor en otro lugar. Yo ya era consciente que tan sólo quería encontrar, que no necesitaba buscar, sino que todo vendría.

Comprendí tambien cosas que ya sabía pero que no meditaba, que las diferencias entre nosotros tienen poco que ver con el color del pasaporte, que éste no garantiza una forma de ser ni un pensamiento concreto. Que tenía muchas cosas en común con muchas personas de diferentes lugares, épocas, continentes reales o imaginarios, más que con el vecino que se había criado conmigo, mucho más que con alguno de mis hermanos. Que la militancia en estas u otras cuestiones -hay quién hace militancia e incluso fundamentalismo de su sexualidad, de su barrio, de su equipo, de su color de pelo...- son absurdas. Que los tópicos sólo sirven para los que desean ser un tópico.

Vuelvo a un pensamiento que he tratado otras veces, que cuando uno se conoce a sí mismo conoce también a los demás, comprende mejor a los demás, tolera -perdón por esta palabra- los errores ajenos e, incluso, los propios. Que no se debe culpar a alguien por un pensamiento aparentemente erroneo si esa persona jamás puede alcanzar otro. Que mi único objetivo en la vida es aprender, me da igual cuál es el objetivo del resto y, si puedo compartir lo aprendido con otros y enriquecerme con lo que esos otros ya saben, mucho mejor.

Que nunca se está de vuelta de nada, que la vida tiene un camino sólo de ida.

domingo, agosto 14, 2005

De ida y vuelta



Un día, viviendo aún en el pueblo, visité el cementerio. Está en lo alto de una colina desde donde se divisa todo Salares, los viejos se sientan por la tarde en esa loma para ver la vida pasar, para comentar quién entra o sale, quién hace qué y con quién. El cementerio es pequeño, como el pueblo, y, si se puede decir en estos casos, coqueto. Lo cierto -y ésta es la idea principal- es que me asusté, no fue por los nichos llenos de flores en los que reposaban los antiguos pobladores de la villa, lo que me atemorizó realmente fue ver la cantidad de nichos vacíos que había, el darme cuenta que cada uno de nosotros tiene como destino habitar uno de esos agujeros.

La llamé Roma, el día que la compré, pensando en nombres, pasé por una perfumería que se refería a la capital italiana pero en mayusculas y vi como en el escaparate se reflejaba otra palabra. La letra "R" era lo único que se leía al revés, el resto era toda una señal. Entonces tenía tres meses y era un nueve de septiembre, así que decidí que el nueve de julio era su fecha de nacimiento, realmente no la felicité muchas veces. Han pasado trece años de todo esto.

Me llamaron desde el pueblo, hace más de un mes, era el padre del chico rumano que la cuidaba mientras que yo trabajaba en Málaga. Había muerto. Sabía que iba a ocurrir y durante dos horas no sentí nada particular, salí a dar un paseo, me apetecía compartir algo con alguien, no sabía el qué. Ya de vuelta a casa no pude evitar llorar, como un niño. Fue mi mayor y mejor compañía durante los últimos trece años y aún no soy capaz de expresar el tipo de sentimiento que me movía en aquel momento.
Era un nueve de julio, como en un espejo se refleja un nombre, como las cosas de ida y vuelta, así murió. Fue viviendo en la montaña, a ella le gustaba.