

Cada mañana, o tarde, al despertar dirijo la vista hacia el ventanuco de mi cuarto. Allí, en lo alto de una colina aparece este árbol, la ventana lo enmarca como si de un cuadro se tratase. Ya me había llamado la atención desde el primer día que llegué al pueblo, se ve desde todos los rincones, está solo, hay miles de árboles parecidos, pero todos viven en "manada" a cientos de metros. El mío (por que así lo considero), en cambio, parece que decidió apartarse del grupo y vivir su propia vida, acaso le echaron de la comunidad, prefiero pensar que no, no creo que sea un árbol tan conflictivo. Seguramente prefiere observar la vida desde esa colina mientras que los otros determinaron protegerse del viento, detras de la loma, unos con los otros, la seguridad, sí, creo que el mío es un árbol al que le gusta correr riesgos, dio un paso más. El resto le miran con una mezcla de envidia e incomprensión, cómo va a ser feliz allí, se preguntan, si nosotros no lo seríamos. Alguno incluso hace burlas desesperadas, ya verás qué poco dura, comentan, nadie lo hizo antes, nadie puede hacerlo, si los algarrobos pudieran vivir solos ya lo habría conseguido alguno antes, eso dicen. Allí sigue, algún día le echaré de menos al despertarme, al no verlo, algún día estaré mirando un rascacielos solitario.
3 comentarios:
eres muy afortunado por no haber observado un rascacielo solitario.. no se compara con la idea del àrbol.
me da envidia (de la buena)
Gracies luna.
Volveré a ver rascacielos, pero con la misma mirada con la que veo a mi árbol ahora. Hasta un rascacielos solitario puede encerrar romanticismo.
a mi no me lo inspira tanto.. pero si en cada rincòn del mundo existe romanticismo.. que suerte que lo puedas ver
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